Los jóvenes frente a la realidad colombiana
La realidad no es aquel hecho bruto, inmóvil, que permanece indiferente frente a nuestra propia imposición de reglas y perspectivas, no es sólo lo que meramente sucede, sino que se encuentra sujeta al juego entre lo que acontece y los intereses de aquellas fuerzas que luchan entre sí por proyectar su sentido en las cosas. Son precisamente las fuerza en constante movimiento las que imprimen una gama de valores que nos permite ubicarnos en nuestro entorno.
La fuerza de la minoría que exhibe el momentáneo dominio de la realidad actual, ha logrado imponer sus valoraciones sobre la inmensa masa de los oprimidos. Bajo el liberalismo en la política y el capitalismo en la economía, las fuerzas dominantes han establecido la realidad a la cual todos tenemos que atenernos. Los jóvenes nos enfrentamos a esa realidad que profesa la igualdad frente a la ley y mantiene a millones en la miseria; experimentamos la libertad para consumir, pero no la verdadera libertad que significa ser dueños de nuestras vidas.
Por eso cuando se habla de cómo deben enfrentarse los jóvenes frente a la realidad colombiana, es necesario plantearse cuál es esa realidad. ¿Es la realidad del espectáculo televisivo donde todo lo que no salga en los medios no existe?, ¿Es la realidad de la participación política que sólo busca el voto o la reforma de lo ya constituido?, ¿Es la realidad que alegan los economistas desde la Universidad de los Andes y el Banco de la República?, ¿Es la realidad de las modas, las supuestas tribus urbanas, el consumismo y la falta de compromiso? Para definir la realidad colombiana hay que tener en cuenta que los hechos están totalmente mediados por lo que los centros de poder necesitan proyectar como horizontes de sentido.
¿Pero entonces nuestra labor debe ser de mero desocultamiento, es decir, de una acción por remover las perspectivas del poder para enfrentarse al acontecer en su esencia, o por el otro lado se trata de que todos nosotros proyectemos nuevos sentidos de sociedad libre e igualitaria?
La perspectiva de los capitalistas, es sólo una posible realidad, aquella que es producida en el juego entre lo que está sucediendo en el país y la interpretación que estos realizan conforme a sus intereses. Por eso según los empresarios en su fraternal alianza con Uribe, el país enfrenta una crisis causada por la violencia de una masa de terroristas y la única solución es mantener el actual estado de las cosas por medio de políticas de seguridad e inversión extranjera. Pero si realizamos una lectura diferente, vislumbramos que su lema es trabajar, trabajar y trabajar en un país donde no hay empleo y donde el escaso trabajo que existe no conlleva a la realización del ser humano. Su política de seguridad no sólo busca “ajusticiar” a los supuestos violentos, sino acabar con los movimientos sociales, es decir, al pueblo que lucha por una vida digna. Nos damos cuenta que a los jóvenes en las ciudades sólo les queda la sociedad de consumo y su consecuente arribismo. Su búsqueda es sólo un peldaño seguro en la escalera hacia el “éxito”. Desde los jóvenes de clase alta cuyo único interés es dejar las cosas tal como están, hasta los de clase media que tiene que perder su tiempo en un trabajo insatisfactorio y esclavista para sobrevivir. Desde los jóvenes que no ven más opciones para su futuro que hacer parte de un sistema ya establecido que tal vez nunca les proporcione un verdadero instante de felicidad, hasta aquellos cuya única opción es volcarse a la calle para conseguir algo con qué vivir. De esta forma sabemos que la realidad que ellos muestran es sólo una entre otras, nos percatamos que lo que acontece puede ser abordado de una manera distinta. El horizonte de sentido que ellos quieren proyectar, no debe ser nuestra pauta de vida.
Ahora bien, cuando las fuerzas de los oprimidos se chocan con lo que acontece, la conciencia se despierta, las potencias de una transformación social cogen vuelo. Estamos cansados del Estado, no queremos que nadie nos represente porque creemos que nosotros mismos podemos organizarnos en asambleas donde las decisiones de la comunidad sean tomadas por todos los implicados. Pensamos que el Estado es un mal innecesario, el ente que extrae las riquezas de la sociedad para utilizarlos en su propio beneficio y el de sus aliados. Repudiamos el capitalismo, aquél que sigue dejando a trabajadores, campesinos y estudiantes en deplorables condiciones. Nosotros somos los cimientos de la sociedad, producimos en conjunto un entorno que no queremos que sólo sea apropiado por unos pocos. Estamos aguantando la frustración de nuestros proyectos, la falta de oportunidades, la conformidad por la mera supervivencia. Esto es lo que acontece, las condiciones materiales que nos golpean en la Colombia del neoliberalismo. Estas son las condiciones que se topan con las fuerzas creadoras de los oprimidos y construyen una nueva realidad.
Por eso, los jóvenes no sólo queremos desocultar lo que sucede, buscamos proyectar nuestros horizontes de sentido. Este sentido busca ubicarnos en nuestro entorno de una manera libre e igualitaria. Es así como alzamos las banderas del comunismo libertario. Creemos que la verdadera libertad sólo puede ser alcanzada cuando brota de la organización misma de las personas que conforman la sociedad. La asociación voluntaria de individuos que federan la producción social para satisfacer las necesidades de todas las personas. Sólo cuando cada quien pueda dar según sus capacidades y recibir según sus necesidades, teniendo control sobre la producción, podremos hablar de una humanidad libre. En el comunismo libertario no tendremos la necesidad del Estado, podremos organizarnos por acuerdos entre comunidades y el apoyo mutuo. En esta nueva perspectiva los diferentes aspectos que enriquecen al ser humano como la cultura, el trabajo, el deporte, pertenecerán a las personas mismas y no a entes que dirigen las cosas para sus propios beneficios. Por eso también rescatamos la necesidad de una cultura popular y un trabajo realizador que permita la producción no alienada, el trabajo que nos permita formar el mundo según nuestros deseos y nos permita reconocernos en él.
Los jóvenes tenemos que enfrentarnos a la realidad colombiana, pero esta realidad no debe ser definida desde el poder dominante. Las condiciones materiales que acontecen, aquello que nos golpea y nos hace reaccionar puede ser abordado desde nuestros propios intereses de comunismo libertario, y podemos así imprimir nuevas perspectivas a nuestro entorno. Esas nuevas reglas que debemos imponer al acontecer, deben surgir de un aquí y un ahora de organización libertaria. Hagamos nuestros proyectos productivos, volquémonos hacia la propaganda, hacia la acción, vamos construyendo un horizonte libertario por medio del trabajo junto a otros compañeros. Los jóvenes frente a la realidad no buscan adaptarse a la interpretación ya establecida, sino transformarla, creando su propio sentido de las cosas.
La fuerza de la minoría que exhibe el momentáneo dominio de la realidad actual, ha logrado imponer sus valoraciones sobre la inmensa masa de los oprimidos. Bajo el liberalismo en la política y el capitalismo en la economía, las fuerzas dominantes han establecido la realidad a la cual todos tenemos que atenernos. Los jóvenes nos enfrentamos a esa realidad que profesa la igualdad frente a la ley y mantiene a millones en la miseria; experimentamos la libertad para consumir, pero no la verdadera libertad que significa ser dueños de nuestras vidas.
Por eso cuando se habla de cómo deben enfrentarse los jóvenes frente a la realidad colombiana, es necesario plantearse cuál es esa realidad. ¿Es la realidad del espectáculo televisivo donde todo lo que no salga en los medios no existe?, ¿Es la realidad de la participación política que sólo busca el voto o la reforma de lo ya constituido?, ¿Es la realidad que alegan los economistas desde la Universidad de los Andes y el Banco de la República?, ¿Es la realidad de las modas, las supuestas tribus urbanas, el consumismo y la falta de compromiso? Para definir la realidad colombiana hay que tener en cuenta que los hechos están totalmente mediados por lo que los centros de poder necesitan proyectar como horizontes de sentido.
¿Pero entonces nuestra labor debe ser de mero desocultamiento, es decir, de una acción por remover las perspectivas del poder para enfrentarse al acontecer en su esencia, o por el otro lado se trata de que todos nosotros proyectemos nuevos sentidos de sociedad libre e igualitaria?
La perspectiva de los capitalistas, es sólo una posible realidad, aquella que es producida en el juego entre lo que está sucediendo en el país y la interpretación que estos realizan conforme a sus intereses. Por eso según los empresarios en su fraternal alianza con Uribe, el país enfrenta una crisis causada por la violencia de una masa de terroristas y la única solución es mantener el actual estado de las cosas por medio de políticas de seguridad e inversión extranjera. Pero si realizamos una lectura diferente, vislumbramos que su lema es trabajar, trabajar y trabajar en un país donde no hay empleo y donde el escaso trabajo que existe no conlleva a la realización del ser humano. Su política de seguridad no sólo busca “ajusticiar” a los supuestos violentos, sino acabar con los movimientos sociales, es decir, al pueblo que lucha por una vida digna. Nos damos cuenta que a los jóvenes en las ciudades sólo les queda la sociedad de consumo y su consecuente arribismo. Su búsqueda es sólo un peldaño seguro en la escalera hacia el “éxito”. Desde los jóvenes de clase alta cuyo único interés es dejar las cosas tal como están, hasta los de clase media que tiene que perder su tiempo en un trabajo insatisfactorio y esclavista para sobrevivir. Desde los jóvenes que no ven más opciones para su futuro que hacer parte de un sistema ya establecido que tal vez nunca les proporcione un verdadero instante de felicidad, hasta aquellos cuya única opción es volcarse a la calle para conseguir algo con qué vivir. De esta forma sabemos que la realidad que ellos muestran es sólo una entre otras, nos percatamos que lo que acontece puede ser abordado de una manera distinta. El horizonte de sentido que ellos quieren proyectar, no debe ser nuestra pauta de vida.
Ahora bien, cuando las fuerzas de los oprimidos se chocan con lo que acontece, la conciencia se despierta, las potencias de una transformación social cogen vuelo. Estamos cansados del Estado, no queremos que nadie nos represente porque creemos que nosotros mismos podemos organizarnos en asambleas donde las decisiones de la comunidad sean tomadas por todos los implicados. Pensamos que el Estado es un mal innecesario, el ente que extrae las riquezas de la sociedad para utilizarlos en su propio beneficio y el de sus aliados. Repudiamos el capitalismo, aquél que sigue dejando a trabajadores, campesinos y estudiantes en deplorables condiciones. Nosotros somos los cimientos de la sociedad, producimos en conjunto un entorno que no queremos que sólo sea apropiado por unos pocos. Estamos aguantando la frustración de nuestros proyectos, la falta de oportunidades, la conformidad por la mera supervivencia. Esto es lo que acontece, las condiciones materiales que nos golpean en la Colombia del neoliberalismo. Estas son las condiciones que se topan con las fuerzas creadoras de los oprimidos y construyen una nueva realidad.
Por eso, los jóvenes no sólo queremos desocultar lo que sucede, buscamos proyectar nuestros horizontes de sentido. Este sentido busca ubicarnos en nuestro entorno de una manera libre e igualitaria. Es así como alzamos las banderas del comunismo libertario. Creemos que la verdadera libertad sólo puede ser alcanzada cuando brota de la organización misma de las personas que conforman la sociedad. La asociación voluntaria de individuos que federan la producción social para satisfacer las necesidades de todas las personas. Sólo cuando cada quien pueda dar según sus capacidades y recibir según sus necesidades, teniendo control sobre la producción, podremos hablar de una humanidad libre. En el comunismo libertario no tendremos la necesidad del Estado, podremos organizarnos por acuerdos entre comunidades y el apoyo mutuo. En esta nueva perspectiva los diferentes aspectos que enriquecen al ser humano como la cultura, el trabajo, el deporte, pertenecerán a las personas mismas y no a entes que dirigen las cosas para sus propios beneficios. Por eso también rescatamos la necesidad de una cultura popular y un trabajo realizador que permita la producción no alienada, el trabajo que nos permita formar el mundo según nuestros deseos y nos permita reconocernos en él.
Los jóvenes tenemos que enfrentarnos a la realidad colombiana, pero esta realidad no debe ser definida desde el poder dominante. Las condiciones materiales que acontecen, aquello que nos golpea y nos hace reaccionar puede ser abordado desde nuestros propios intereses de comunismo libertario, y podemos así imprimir nuevas perspectivas a nuestro entorno. Esas nuevas reglas que debemos imponer al acontecer, deben surgir de un aquí y un ahora de organización libertaria. Hagamos nuestros proyectos productivos, volquémonos hacia la propaganda, hacia la acción, vamos construyendo un horizonte libertario por medio del trabajo junto a otros compañeros. Los jóvenes frente a la realidad no buscan adaptarse a la interpretación ya establecida, sino transformarla, creando su propio sentido de las cosas.



